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Con un escenario cada vez más hostil e incierto y con malas perspectivas en cuanto a la reestructuración de la deuda, el Banco Central apuesta a contener el tipo de cambio oficial y no perder reservas internacionales de manera de evitar un rebrote inflacionario que ponga en riesgo la estabilidad social. Es una medida de corto plazo. El costo será alto pues con exportaciones cayendo y sin avances en la negociación de la deuda, la recesión se profundizará y será aliada de la estabilidad cambiaria.

Regulando la inflación. Al igual que el gobierno anterior, pero con un enfoque totalmente diferente, la gestión de AF tiene como objetivo de arranque moderar la dinámica de los precios. No es para menos: la aceleración que tuvieron los precios minoristas en los últimos dos años golpeó con fuerza el poder de compra de los salarios y con ellos el consumo se derrumbó. Habiendo asumido ya con un estricto control de cambios, lo intensificó aún más de manera de tener el tipo de cambio bajo control. Sabiendo que sin inversión no hay creación de empleo, bajar la inflación es la única variable que le queda para detener la caída del poder de compra de los salarios. Claro que sólo con contener el tipo de cambio no alcanza, menos aún con una política monetaria más expansiva debido a que el BCRA tiene que emitir para comprar el excedente cambiario y –lo más importante- para financiar al Tesoro cuyos resultados son cada vez peores. Es por ello que parte esencial del plan inicial, es evitar la suba de los precios regulados.

En este contexto, los primeros datos marcan que la inflación bajó aunque se mantiene muy elevada. La buena noticia fue que por segundo mes consecutivo el dato oficial estuvo por debajo de la media del último REM. Concretamente, en febrero pasado los precios minoristas en todo el país acusaron un alza del 2.0% (0.3 pp menos que en enero, siendo el menor registro de los últimos dos años), acumulando en los últimos doce meses un incremento del 50.3%. La mayor suba la volvieron a tener los alimentos que, pese al control de precios lanzado por el gobierno, aumentaron 2.7% mensual en tanto que los precios regulados, en especial la de servicios públicos, subieron apenas 0.7%, todo un símbolo de lo que se viene.

Así las cosas, en los primeros dos meses del año los precios tuvieron un incremento promedio de 2.1% por mes, la mitad de lo que subieron entre agosto y diciembre, aunque levemente por encima de lo que lo habían hecho en el primer trimestre del año pasado. Lo determinante para este resultado fue la estabilidad en el tipo de cambio nominal (1.2% por mes) y el “cuasi congelamiento” de los precios regulados que sólo subieron 0.9%. La mala noticia fue que la inflación Core (excluye los precios que son afectados por cuestiones estacionales –como frutas, verduras, vestimenta- o regulaciones del gobierno –servicios públicos, prepagas, comunicaciones-) subió 2.4% por mes. Para marzo, nuestras estimaciones apuntan a un alza del orden de 2.5% dado que no prevemos ajuste de regulados ni de naftas. El principal objetivo del gobierno es anclar expectativas y lograr una baja gradual y constante de la inflación.

Fuene: Mills Capital, INDEC

Mills-Semanal27

Con prisa y sin pausa. Con la inflación “agazapada” y regulada y con expectativas que se corrigen a la baja, el BCRA ensaya una política monetaria expansiva que apunta a bajar la tasa de interés de manera de darle algo de aire al crédito, objetivo que le será difícil de cumplir mientas no se despeje la incertidumbre. Al tiempo que baja las tasas de interés, a partir de la última semana de enero, el BCRA viene subiendo el tipo de cambio oficial: en febrero lo subió 3.1% (2.2% si tomamos promedio mensual) y en lo que va de marzo lo está haciendo al 2.6%.

El corona atrasa. La suba del tipo de cambio oficial para no perderle pisada a la inflación queda diluida por el impacto que está teniendo la crisis internacional en las monedas emergentes, especialmente con las de Sudamérica. De hecho, el movimiento que tuvo el peso en el último mes fue prácticamente nulo si se lo compara al que tuvieron otras monedas de la región, especialmente el real brasileño. En otros términos, mientras que desde el 26 de enero el peso subió casi 5% frente al dólar, contra las monedas de Sudamérica perdió 10%. El tipo de cambio nominal ponderado por participación en el comercio exterior argentino (TCNM) se vio favorecido por la estabilidad que mostró la moneda china y la debilidad que presentó el dólar frente al Yen y al Euro, por lo que el peso frente a todas las moneda se apreció sólo 1.5% en los últimos dos meses. Con esta performance, el Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM) se apreció 5% en los últimos dos meses, pero respecto a sudamércia, destino principal de las exportaciones industriales argentinas, el TCR perdió 12% alcanzando el nivel más bajo desde mayo de 2018.

Pensá en verde. Con esta dinámica de las monedas emergentes y la fuerte caída del precio de las materias primas, el BCRA irá acelerando el ritmo de devaluación del peso de manera de no perderle pisada a la inflación. No será fácil, y difícilmente lo logre, por lo que a prevemos que el peso se seguirá apreciando.

Fuente: Mills Capital, BCRA

Insostenible. El “lento” deslizamiento del tipo de cambio oficial, la caída que están marcando los precios de las materias en primas y la muy probable recesión global que se viene para el segundo y tercer trimestre golpearán a las exportaciones de bienes y servicios, principal (¿y única?) fuente de divisas del país. Todos los complejos exportadores sentirán el golpe, algunos por caída de precios (como los productos agrícolas y combustibles), otros por caída de cantidades (manufacturas industriales) y otros con la combinación de ambos (como carnes). Bajo este escenario, estimamos que las exportaciones de bienes este año totalizarían USD60.000 M, 8% i.a. menos que el año pasado. Una mala noticia para la sustentabilidad y las presiones para un ajuste más rápido del tipo de cambio no se harán esperar.

Fuente: Mills Capital, INDEC
Fuente: Mills Capital, INDEC

Golpe al turismo. Uno de los sectores que más sentirá el impacto del corona virus es sin dudas el turismo, tanto emisivo como receptivo. Es una mala noticia para un sector que de la mano del ajuste del tipo de cambio y cepo venía en franca recuperación especialmente por el mayor ingreso de turistas extranjeros. El ingreso de turistas no residentes representa el 20% de la ocupación hotelera del país y en el último año venían en alza y compensaban en parte la caída del turismo residente afectado por la caída del salario real. En este contexto, las cuentas externas tendrán un doble efecto dado que se espera una fuerte caída tanto en el ingreso de turistas como en el de salidas por lo que probablemente el ajuste que se venía observando en la cuenta de viajes del balance de pagos se tome una pausa. La mala noticia es para el Tesoro que recaudará muy poco por el impuesto “solidario” proveniente de la compra de divisas en concepto de viajes.

Fuente: Mills Capital, INDEC

Más recesión. Con las exportaciones en baja y el BCRA regulando la demanda de divisas, la caída del nivel de actividad será la variable de ajuste para el programa de contención. La contracción de las importaciones permitirá mantener saldo comercial y será determinante para que el mercado cambiario mantenga un superávit de USD7.000 M. La contrapartida es que la inversión volverá a caer y con ella el empleo. En resumidas cuentas, con el cambio de escenario global modificamos nuestro escenario que de prever una caída de 1.5% i.a. en el PBI, migramos a uno de una contracción de entre el 2.5% y 3.0% anual. Claro está que si finalmente el gobierno fracasa en la negociación de la deuda y entramos en default, el escenario anterior será nuevamente corregido a la baja.

18 marzo, 2020